MANUEL E. MONTILLA – LAS FORMAS DE LO HUMANO

 MANUEL E. MONTILLA – LAS FORMAS DE LO HUMANO

 

Estar y ser en el mundo… He aquí la génesis de cuanto un artista busca y expresa en su obra. Desde la prehistoria, la preocupación no ha sido otra. En Egipto, en India, en China, en Mesopotamia, en Grecia, en Roma, en el Renacimiento, a lo largo del siglo XX y aún hoy, el afán persiste; se renueva, pero no cambia: es la búsqueda de lo humano en la realidad y en el hombre. No importa qué denominación reciba (clásico, renacentista, moderno, figurativo, cubista, abstracto), lo esencial del hecho artístico rebasa adjetivos, clasificaciones, corrientes y teorías. Detrás o en el fondo de todo arte genuino, hasta en el aparentemente más alejado de lo cotidiano, de lo inmediato, están la esencia, las formas, el color y el aliento primordial de lo humano.

 

En esta muestra, Manuel E. Montilla ofrece, desde una perspectiva particular, que mezcla y concilia elementos disímiles  —éstos van de lo figurativo a las expresiones abstractas—, aproximaciones a una realidad en permanente transformación (o descomposición). Lo que su ojo capta y su mano proyecta a la conciencia del espectador es la interacción dialéctica hombre-mundo. Hombre y mundo actuales, por supuesto. En consecuencia, en estas obras no hay figuras, objetos o entidades que no sean parte de nosotros y del mundo que nos rodea y nos sustenta.

 

Angustia, violencia, sueños, fracasos, utopías, fantasmas afloran o subyacen en las obras. En contradicción con algunos postulados que preconizan una especie de relativismo sicológico, según el cual cada individuo ve en las obras de arte lo que se le antoja o prefiere, en éstas el espectador percibe lo que él mismo es, lo que somos todos: seres en la historia, en el tiempo, en el cosmos, asidos a un destino ineluctable, con instancias y momentos luminosos o sombríos, halagüeños o trágicos.

 

En síntesis, Montilla propone que percibamos al hombre y la realidad tal como son: polivalentes, múltiples,  simultáneamente próximos y distantes, efímeros e infinitos. Ahora, ya frente a las obras, a cada uno de nosotros le toca aceptar o rechazar esta propuesta.

 

 

D. L. Pitty

Potrerillos, 29 de septiembre de 2010

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MANUEL E. MONTILLA – PIEDRALUMBRE

MANUEL E. MONTILLA  –  PIEDRALUMBRE

 

Fragmentos minerales, piedrecillas, guijarros, partículas dispersas de la ceniza como granos de arena o polvo de estrellas. Tamiz del color y la forma en el pigmento que se acrisola en el fogón de la cultura, sumergido en los océanos de la historia. Manuel Montilla nos acerca la realidad a través del microscopio de su artificio, ampliando el origen de las cosas en un proceso casi arqueológico donde, sin embargo, lo importante son las huellas de la tribu, de la epopeya colectiva. Porque lo microscópico se torna cósmico en el alucinante residuo del quehacer humano y su apuesta más lúcida por la armonía, la convivencia mutua con el diálogo propiciatorio y la transdisciplinariedad ecológica. Y, por si se nos olvida, el artista panameño, oficiante del culto cotidiano e intermediario con lo sagrado, nos lo recuerda: el arte es el sustento más sólido de esa apuesta.

 

Adriano Corrales Arias

Septiembre 2004, San José, Costa Rica